martes, 17 de marzo de 2015
viernes, 13 de marzo de 2015
viernes, 6 de marzo de 2015
Club de lectura
Ideas para crear un club
de lectura
Una
estupenda manera de incitar a la lectura y promover el amor por los libros
entre niños y jóvenes es formar un club o taller de lectura en el centro
escolar.
De esta forma entran en contacto con la
literatura de una forma más distendida, conocen autores y géneros nuevos en profundidad, desarrollan un espíritu crítico, además de cultivar
la imaginación, socializar, hablar en
público, perfeccionar la expresión oral y escrita, ampliar
vocabulario…
Como vemos, los beneficios de una actividad de este tipo son numerosos y no resulta tan complicado ponerse manos a la obra.
A continuación encontrarás varias ideas útiles para montar un club de lectura.
Qué es un club de lectura
Es una reunión en la que los asistentes han leído previamente, de manera individual, el mismo libro o parte de él, y su puesta en común en grupo un día determinado.
En las reuniones se charla sobre el argumento, el estilo del autor, los personajes, su relación con otras obras, etc., aunque especialmente se comparten la opinión y las dudas de cada lector, además de las experiencias personales de cada cual. Así, los distintos puntos de vista de cada uno enriquecen las impresiones que han tenido durante la lectura en privado.
En el caso de un club de lectura infantil, a partir de 6 o 7 años de edad en adelante, la dinámica puede variar ligeramente para adaptarla y entretener al público más joven mediante juegos, dibujos, proyecciones de vídeo, audio, etc.
Qué se necesita para montar un club de lectura
Para empezar, un lugar en el que reunirse. Un aula multiusos, la biblioteca escolar, una librería… El sitio debe contar con sillas y una mesa en torno a la que sentarse (si es redonda u ovalada mucho mejor para facilitar la comunicación entre todos; otra opción es colocar las sillas en círculo), como mobiliario imprescindible.
Lo siguiente que necesitaremos serán los lotes de libros. Pueden conseguirse a través del préstamo de bibliotecas, intercambio con otros clubes de lectura o, en último término, mediante la compra de un ejemplar para cada miembro.
Por último, es necesaria la presencia de un coordinador responsable y, obviamente, los participantes.
Cuántas personas por grupo
Un club dirigido a niños y jóvenes necesita un cuidado más personalizado que uno para adultos. Una buena cifra de integrantes del grupo rondaría entre 6 y 15. Los más pequeños se aburren con mayor facilidad, por lo que un número muy reducido sería tan contraproducente como un grupo demasiado amplio. No obstante, se puede llegar hasta 20, aunque es aconsejable no superar dicha cantidad por la dificultad de moderar el coloquio o conseguir los libros.
Cuándo y cada cuánto
Al ser una actividad complementaria, el club de lectura funcionará con toda probabilidad fuera del horario lectivo. Lo ideal sería reunirse una vez por semana aunque existen clubes que lo hacen quincenalmente e incluso mensualmente. Todo depende del tipo de textos que se escojan o de lo que decidan los organizadores y participantes en consenso. La duración de cada sesión puede oscilar entre una hora u hora y media.
El coordinador del club
Todo club de lectura necesita una persona encargada de organizar la actividad, planificar el programa, tener a mano el material necesario, informar a los miembros del grupo de los cambios que surjan, acondicionar el lugar de reunión, preparar la información sobre los autores y títulos entre los que se vayan a escoger, controlar el préstamo y devolución de libros, moderar las sesiones, estimular la intervención de los miembros del club, organizar actividades complementarias…
Hay clubes donde esta figura va rotando entre varias personas (personal docente, padre o madre, bibliotecario, etc.). Es preferible que quien vaya a coordinar sea un buen lector, alguien con iniciativa y buena mano a la hora de motivar, orientar la conversación, así como dar premisas e ideas.
Cómo se desarrollan las sesiones
El primer día se dedicará a que los miembros del grupo se conozcan, pongan en común sus gustos y expectativas con respecto a la actividad. Es también el momento adecuado para que el coordinador explique en qué va a consistir la experiencia. Se escogerá una lectura para empezar y se marcará la próxima cita. Según sea la extensión del libro elegido, se decidirá si para entonces el libro debe leerse entero o bien seleccionar un número de páginas determinado para comentar.
Lo ideal de un club de lectura es mezclar aprendizaje con entretenimiento, debate y socialización. Es aconsejable empezar presentando al autor y la obra antes de profundizar en esta, por ello se debe invitar a los participantes a buscar información previa sobre ambos. También se puede comenzar aludiendo a alguna crítica o reseña o con una entrevista al autor. A continuación, algunos ejemplos de temas a tratar podrían ser:
Como vemos, los beneficios de una actividad de este tipo son numerosos y no resulta tan complicado ponerse manos a la obra.
A continuación encontrarás varias ideas útiles para montar un club de lectura.
Qué es un club de lectura
Es una reunión en la que los asistentes han leído previamente, de manera individual, el mismo libro o parte de él, y su puesta en común en grupo un día determinado.
En las reuniones se charla sobre el argumento, el estilo del autor, los personajes, su relación con otras obras, etc., aunque especialmente se comparten la opinión y las dudas de cada lector, además de las experiencias personales de cada cual. Así, los distintos puntos de vista de cada uno enriquecen las impresiones que han tenido durante la lectura en privado.
En el caso de un club de lectura infantil, a partir de 6 o 7 años de edad en adelante, la dinámica puede variar ligeramente para adaptarla y entretener al público más joven mediante juegos, dibujos, proyecciones de vídeo, audio, etc.
Qué se necesita para montar un club de lectura
Para empezar, un lugar en el que reunirse. Un aula multiusos, la biblioteca escolar, una librería… El sitio debe contar con sillas y una mesa en torno a la que sentarse (si es redonda u ovalada mucho mejor para facilitar la comunicación entre todos; otra opción es colocar las sillas en círculo), como mobiliario imprescindible.
Lo siguiente que necesitaremos serán los lotes de libros. Pueden conseguirse a través del préstamo de bibliotecas, intercambio con otros clubes de lectura o, en último término, mediante la compra de un ejemplar para cada miembro.
Por último, es necesaria la presencia de un coordinador responsable y, obviamente, los participantes.
Cuántas personas por grupo
Un club dirigido a niños y jóvenes necesita un cuidado más personalizado que uno para adultos. Una buena cifra de integrantes del grupo rondaría entre 6 y 15. Los más pequeños se aburren con mayor facilidad, por lo que un número muy reducido sería tan contraproducente como un grupo demasiado amplio. No obstante, se puede llegar hasta 20, aunque es aconsejable no superar dicha cantidad por la dificultad de moderar el coloquio o conseguir los libros.
Cuándo y cada cuánto
Al ser una actividad complementaria, el club de lectura funcionará con toda probabilidad fuera del horario lectivo. Lo ideal sería reunirse una vez por semana aunque existen clubes que lo hacen quincenalmente e incluso mensualmente. Todo depende del tipo de textos que se escojan o de lo que decidan los organizadores y participantes en consenso. La duración de cada sesión puede oscilar entre una hora u hora y media.
El coordinador del club
Todo club de lectura necesita una persona encargada de organizar la actividad, planificar el programa, tener a mano el material necesario, informar a los miembros del grupo de los cambios que surjan, acondicionar el lugar de reunión, preparar la información sobre los autores y títulos entre los que se vayan a escoger, controlar el préstamo y devolución de libros, moderar las sesiones, estimular la intervención de los miembros del club, organizar actividades complementarias…
Hay clubes donde esta figura va rotando entre varias personas (personal docente, padre o madre, bibliotecario, etc.). Es preferible que quien vaya a coordinar sea un buen lector, alguien con iniciativa y buena mano a la hora de motivar, orientar la conversación, así como dar premisas e ideas.
Cómo se desarrollan las sesiones
El primer día se dedicará a que los miembros del grupo se conozcan, pongan en común sus gustos y expectativas con respecto a la actividad. Es también el momento adecuado para que el coordinador explique en qué va a consistir la experiencia. Se escogerá una lectura para empezar y se marcará la próxima cita. Según sea la extensión del libro elegido, se decidirá si para entonces el libro debe leerse entero o bien seleccionar un número de páginas determinado para comentar.
Lo ideal de un club de lectura es mezclar aprendizaje con entretenimiento, debate y socialización. Es aconsejable empezar presentando al autor y la obra antes de profundizar en esta, por ello se debe invitar a los participantes a buscar información previa sobre ambos. También se puede comenzar aludiendo a alguna crítica o reseña o con una entrevista al autor. A continuación, algunos ejemplos de temas a tratar podrían ser:
- El género al que pertenece la
obra.
- La época en la que se desarrolla
la acción.
- El estilo y la estructura de la
obra.
- El narrador y punto de vista.
- El espacio donde tiene lugar.
- Las características y reacciones
de los personajes.
- Comparar las situaciones del libro
con otras obras leídas anteriormente o con experiencias personales.
- Los giros de la trama.
- La dificultad o simplicidad de
la obra.
- El tiempo narrativo.
- La credibilidad de la obra.
Actividades complementarias
Para no caer en la rutina y el aburrimiento, hay otras opciones para amenizar un club de lectura:
Para no caer en la rutina y el aburrimiento, hay otras opciones para amenizar un club de lectura:
- Anotar en un cuaderno un pasaje
favorito para leerlo en voz alta y compartirlo con los demás.
- Ver una película o documental
relacionado con el título que se ha leído o su autor.
- Acudir a una representación
teatral o a un espectáculo de títeres.
- Organizar un encuentro con un
escritor o ilustrador.
- Trazar un itinerario literario
de una ciudad o comarca siguiendo los pasos de una obra.
- Realizar una excursión a dichos
lugares.
- Visitar un museo.
- Organizar un concurso de relatos
o dibujos inspirados en la lectura entre los miembros del club.
- Unir música y literatura.
- Acudir a la presentación de un
libro, a una feria, a una conferencia...
Cómo elegir los títulos
Depende de la edad de los participantes en el club. Cuentos, adivinanzas, y obras sencillas para los más pequeños; obras de literatura juvenil, poesía, etc., siempre cuidando la calidad y el gusto de los participantes.
Además, no hay que olvidar fechas especiales como efemérides de autores, festivos especiales (Día del Padre o dela
Madre , Día Mundial de la Tierra , Halloween, San Valentín, Navidad, etc.),
premios literarios, aniversarios de obras... También se pueden programar las
lecturas de un mes o de un trimestre por temáticas o géneros (clásicos, misterio, realismo,
ciencia-ficción, terror, romántica, etc.).
Depende de la edad de los participantes en el club. Cuentos, adivinanzas, y obras sencillas para los más pequeños; obras de literatura juvenil, poesía, etc., siempre cuidando la calidad y el gusto de los participantes.
Además, no hay que olvidar fechas especiales como efemérides de autores, festivos especiales (Día del Padre o de
jueves, 5 de marzo de 2015
5 escritoras españolas olvidadas de hace 100 años
5
escritoras españolas olvidadas de hace 100 años que podrías recuperar
Las
escritoras
españolas de principios del siglo XX han sido muy
olvidadas en la lista de lecturas que todos solemos
realizar o recomendar, aunque muchas de ellas merecen mucho más que quedarse
para guardar polvo en el fondo de las bibliotecas, aunque solo sea por lo
complicado que era en su momento ser escritora (y más aún vivir más o menos de
ello).
Le
preguntamos a Isabel Lizarraga, la autora de Cándida,
una novela que recupera los comienzos del feminismo en España, a quién de las
mujeres pioneras de aquel período le gustaría que se recuperase a día de hoy.
“Hoy ya son bastante conocidas María Lejárraga, Clara Campoamor o Carmen de Burgos,
pero a mí me gustaría que se conociera más a María de Lluria, a la marquesa del
Ter o a Celsia Regis”, nos dice por mail. María de Lluria fue una de las
primeras feministas de España (la marquesa roja, se la llamaba), como la
marquesa de Ter. En realidad se llamaba Lilly Rose Schenrich, tenía orígenes
extranjeros y estaba casada con un aristócrata español que había sido
diplomático y fue una de las fundadoras de una de las primeras organizaciones
feministas de España.
Pero
como lo nuestro es leer, aquí van algunas escritoras españolas olvidadas de
hace 100 años que podrías recuperar (y hasta que las editoriales no se lancen a
la reedición, siempre te quedará la biblioteca para ello). No están todas
(aunque algunas, como Carmen de Burgos, que fue la primera autora en aparecer
en la lista
de libros prohibidos creada en 1939 tras las Guerra Civil bien
podrían), pero siempre podremos hacer otra lista o añadir más en los
comentarios.
-
Sofía
Casanova. Casanova tiene una vida más novelesca que sus obras
(en algunas de sus obras de ficción se pueden encontrar ecos de su vida real,
así que siempre se puede decir que la verdad supera a la ficción) y una
interesante carrera como escritora. A Carmen de Burgos, Colombine,
se la considera la primera corresponsal de guerra de la historia de España,
puesto que estuvo cubriendo desde Melilla la guerra de Marruecos en 1909, pero
Sofía Casanova fue la primera que dedicó tanto tiempo a la tarea. Cubrió primero la I Guerra Mundial y luego la Revolución Rusa
para el periódico ABC.
Sofía
Casanova era la hija primogénita de un matrimonio gallego. Su padre abandonó a
la familia cuando ella y sus dos hermanos eran pequeños y su madre tuvo que
trabajar duro para asegurarles la subsistencia (se dedicaba, entre otras cosas,
a vender huevos ¡a Inglaterra! desde A Coruña). Aunque estaba bien conectada
(la familia era más o menos aristocrática) no tenían fortuna. Sofía fue
presentada en Madrid y entró en contacto con la corte, como nos cuenta Rosario
Martínez en la biografía más completa que se ha escrito sobre la escritora, y
allí conoció a un intelectual polaco, que además (eso Sofía no lo sabía) tenía
cierta vocación de iluminado (pensaba que teniendo un hijo varón sería el padre
del salvador de Polonia, que entonces era un
lugar repartido entre tres países: él y Sofía solo tuvieron hijas). El matrimonio fue muy
infeliz y la culta Sofía empezó a escribir.
Primero
fueron novelas, luego periodismo. Su nombre era muy
popular en los años 20 y publicaba – bastante – en las colecciones de novela
corta que estaban de moda entonces. Hoy en día está muy olvidada (y la política
tiene quizás un
poco de culpa), aunque aún se pueden encontrar sus crónicas de la Revolución Rusa.
-
Concha Espina.
Si vivís en Madrid, Concha Espina será para vosotros una parada de metro. No,
no lo neguéis. Pero detrás de ese nombre está una escritora. También tuvo que
hacerse bastante a si misma y también fue increíblemente popular en su momento.
Sus novelas no son tan emocionantes para el lector actual como pueden ser las de
otras escritoras de la época (si leéis La virgen prudente,
sobre una universitaria en la
España de los años 20, quizás os sintáis un tanto indignados
con lo que la escritora hace hacer o vivir a su protagonista) pero Espina debe
estar en esta lista.
Era
una de las autoras más populares de la época y muy, pero que muy leída. Tanto
es así que un pueblo de Cantabria, que había usado en sus novelas como
escenario bajo el nombre falso de Luzmela, acabaría cambiándose oficialmente de
nombre para ser llamado como en el mundo literario de Espina.
-
Magda Donato.
Ya hemos hablando con anterioridad de Magda Donato y ya hemos dado razones por
las que se debería recuperar
a la escritora, pero nunca está de más recordarlas. La escritora, que ha sido
ligeramente oscurecida por la historia por el peso de su hermana Margarita
Nelken (una de las primeras diputadas de la historia de España), fue una brillante
periodista. Renacimiento ha reeditado hace poco sus reportajes vividos, que
son fascinantes (se infiltraba en aquellos lugares sobre los
que quería hablar y así, durante los años 30, fue loca en un manicomio, pobre
de solemnidad en un comedor social, secretaria de un adivino o presa en una
cárcel) y tremendamente modernos.
No
es la única obra de Magda Donato que podéis encontrar en una librería. No hace
mucho se han reeditado los artículos que durante 1930 publicó sobre la situación de la mujer en
España, . Se recorrió la geografía española descubriendo cómo
vivían las mujeres. Donato también escribía literatura infantil (mega popular
en su momento) y ficción para adultos. Una de sus novelas cortas, La carabina,
fue incluida en la antología de novela corta de escritoras españolas de
principios de siglo que publicó Castalia en 1989 (y que es difícil de encontrar
hoy en día: yo prácticamente lloré de alegría cuando tropecé con ella en
Amazon). Es un texto lleno de ironía y una lectura que no ha envejecido, a
pesar del tiempo que nos separa (y los intereses tan diferentes).
Y
sí, posiblemente el próximo paso que debería dar la redacción de Librópatas
será que montemos un grupo en Facebook de fans de Magda Donato.
-
María
Lejárraga. También conocida como María Martínez Sierra.
Lejárraga fue una de las fundadoras del feminismo en España y también uno de
los más claros ejemplos de lo que ha sucedido a lo largo de tantos siglos
(marido escritor que expolia la obra de su mujer…) En este caso, el expolio fue
más o menos consentido. Ella creía que las obras de ficción que escribía con
marcados mensajes feministas entrarían mejor si era su marido, Gregorio
Martínez Sierra, quien las firmaba. Pero si buscáis en alguna
tienda online las películas que se han hecho a posterioridad basadas en sus
obras, seguiréis encontrando que están basadas en obras de Gregorio
Martínez Sierra.
Que
era María quien escribía y no Gregorio no se supo – para todo el mundo – hasta
que en los 80
dos expertas universitarias lo demostraron. Gregorio Martínez
Sierra había firmado antes de morir un papel señalando que su esposa había sido
coautora de sus obras, aunque la investigación académica ha demostrado que ella
era la autora al completo de las obras de teatro que él firmaba y que fueron un
tremendo éxito de público en su momento. Encontrar la obra de María Lejárraga
hoy en día es más que complicado, aunque la propia escritora se ha convertido
en personaje de ficción. Aparece en Cándida
y es la novela Palabras
insensatas que tú comprenderás, de Salvador Compán, editada por Almuzarra.
-
Federica
Montseny. Federica Montseny ha entrado en todos los libros de
historia por dos razones: era uno de los nombres clave del anarquismo español
de principios de siglo y fue la primera mujer en ser nombrada ministra en
España. Lo fue durante la
Guerra Civil y fue además una pionera en crear leyes para
asuntos como, por ejemplo, el aborto. Pero Federica Montseny, antes de ser ministra, fue
escritora.
Su
biografía resumida aparece en Mujeres olvidadas, de Antonina Rodrigo
(editado por La Esfera
de los Libros). Nació en el seno de una familia anarquista y sus padres eran
editores de medios libertarios. Federica Montseny también acabaría publicando
en esos medios (en los años 20 publicó unos 150 artículos) y escribiendo
novelas anarquistas (así podríamos llamarlas) que se publicaban en colecciones
de novela corta (muy de moda en los años 20) especializadas. Por supuesto esta
literatura social le servía para explorar los temas que marcaban su compromiso
político, como nos cuenta Rodrigo, como por ejemplo la libertad sexual de la
mujer o el compromiso anarquista.
Montseny
es también una de las escritoras que aparecen en Novelas breves
de escritoras españolas de Castalia, con una novela breve
sobre la Revolución
de Asturias del 34, Heroínas. El tema es
bastante interesante (porque además se narra desde el punto de vista de una
mujer anarquista) pero para los lectores actuales resulta un poco más duro que
para los del momento (y menos emocionante) leer novelas escritas por y con
ideología.
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